Ana Paula planeó durante meses su viaje para alentar a la Argentina. Sin embargo, un insólito error en el aeropuerto desató la peor media hora de su vida. Una corrida a contrarreloj y su “minuto a minuto” para poder entrar a la cancha.
Hay momentos en la vida donde un proyecto personal deja de ser un simple plan y se convierte en un motor. Para Ana Paula, el sueño mundialista comenzó a gestarse mucho antes de subir al avión. El año pasado tomó una gran decisión: dejó atrás 14 años como maestra jardinera en el mismo colegio para volcarse por completo al universo digital. La explosión de su contenido en las redes sociales la impulsó a ir por más, y el destino final estaba claro: el Mundial de Estados Unidos.
“La idea surgió el año pasado que dije ‘yo voy a ir con una marca o me lo pago sola pero voy al Mundial”, relata con la emoción a flor de piel a TN. “A Estados Unidos llegué el miércoles pasado y me quedo por dos semanas”, sumó.
Instalada en Miami, planificó minuciosamente cada detalle para el partido clave de este lunes contra Austria en Dallas: “Yo tenía todo organizado para ir y volver a Dallas durante el día y hacer otras actividades, hace semanas”. Sin embargo, lo que prometía ser una jornada perfecta, cargada de ilusión y con la camiseta celeste y blanca puesta, se transformó de golpe en una pesadilla en los pasillos del aeropuerto.
El nudo: un error inesperado, lágrimas y desesperación
Al llegar a la terminal aérea dispuesta a embarcar, Ana Paula se topó con un llamado de atención que parecía menor, pero que escondía un golpe devastador. “Cuando llego al aeropuerto y voy a hacer el chek in, el señor me dice que mi nombre o la fecha de nacimiento estaban mal en el boarding pass, que vaya a una cabina que me lo iban a solucionar”, explicó sobre ese primer instante de confusión.
Pero la respuesta en la ventanilla paralizó todo. El pasaje que ella misma había revisado una y otra vez tenía un error fatal. “Cuando voy a esa cabina la señora me dice ‘tenés pasaje para el 22 de julio, no para el 22 de junio’. Ahí me puse pálida, le dije ‘¿puedo comprar otro vuelo?’ porque no lo podía cambiar”.

El shock dio paso a la angustia absoluta. Con el partido a solo unas horas de comenzar, las opciones se desvanecían y el costo de un pasaje de último momento era prohibitivo. “Me puse muy nerviosa, me largué a llorar, dos personas me ayudaron a ver vuelos mientras le hablaba a la agencia de viajes a la que le compré y que a las 4 de la madrugada de Argentina me respondió de casualidad y empezó a buscar vuelos. Los vuelos salían 5 mil dólares y de ninguna manera podía pagarlos ni pedir un préstamo para pagar eso”.
Fueron instantes de muchísima soledad y frustración. La presión laboral y el dolor de ver truncado un anhelo tan profundo confluyeron en un mismo lugar. “Fueron los peores 30 minutos de mi vida: llorando, llamando a mi novio, pensando en que las marcas con las que trabajo me van a matar, porque tenía planeado también hacer contenido. Además, de que me perdía de la experiencia de mi primer Mundial”.
Desenlace: la resiliencia y el “minuto a minuto” por llegar a la cancha
A pesar del panorama oscuro, la solidaridad y la velocidad de su agente de viajes encendieron una luz de esperanza. Encontraron una alternativa, costosa y compleja, pero viable. “Al final la agente encontró un vuelo que salía 8:40, llegaba a las 11 y costaba 1300 dólares pero volvía mañana así que me tengo que quedar a dormir en Dallas, aunque yo vine con una carterita chiquita para entrar a la cancha nomás. Igualmente no lo dudé y tomé el vuelo”.
Pero la odisea norteamericana aún guardaba un escollo más: el factor climático. “La situación era tensa en el aeropuerto porque American Airlines empezó a cancelar vuelos por mal clima, pero no de Miami a Dallas sino desde donde salía el avión a Miami. Muchos se quedaron varados, los que no entraron al último vuelo, mucha gente con hijos y entradas”.

A contracorriente de las cancelaciones, el avión de Ana Paula logró despegar y, finalmente, tocar tierra en Dallas. El plan original contemplaba vivir la experiencia junto a su padre, quien debió quedarse en Miami, pero ella decidió seguir adelante. Su nueva estrategia para ganarle al reloj e ingresar al estadio la unió a otros compatriotas en su misma situación: “Compartimos un Uber con otros tres hinchas que también están solos”.
Luego del aterrizaje y el viaje veloz compartido, en medio de la adrenalina del desembarque, solo quedaba llegar al encuentro con el equipo del 10. El esfuerzo económico y emocional fue enorme, pero la ilusión de cumplir su meta siempre se mantuvo intacta.
“Es la primera vez que voy a ver a la selección en un mundial, vi un partido en Nueva York en 2024, pero es mi primera Copa del Mundo, con todo lo que conlleva, la emoción, lo que pensé y no pudo ser, pero que será desde otro ángulo. Yo vengo solo por hoy y no quiero ser mufa pero hay una posibilidad de que vaya el sábado 27 y rendir con todo lo que me acaba de pasar, ojalá sea así. Fue vivir el minuto a minuto para llegar con el último suspiro”, dijo emocionada.
Con la billetera golpeada pero el alma encendida, concluyó: “Pagué todo lo que tenía que pagar, pasaje, dos veces, y la entrada. Aunque me pareció valioso que desde la empresa me pudieron ayudar, todo fue desde mi esfuerzo”. Más allá del resultado deportivo, la historia de Ana Paula ya es de superación: demostró que, cuando el deseo es genuino, no hay confusión de fechas ni tormentas que logren frenar la pasión argentina.
