La primera ministra japonesa Sanae Takaichi impulsará las negociaciones en el G7 con Brasil. Si el acuerdo avanza, el arancel del 35% que hoy encarece a Toyota, Honda y Nissan podría reducirse entre un 15% y un 25%.
El gobierno japonés se prepara para abrir negociaciones formales con el Mercosur en busca de un Acuerdo de Asociación Económica que podría redefinir el comercio automotor en la región. La iniciativa es impulsada por la Primera Ministra Sanae Takaichi y tiene previsto un primer contacto político en la próxima cumbre del G7, donde se reuniría con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Es el inicio de un proceso que puede demorar entre uno y dos años, pero cuyo impacto sobre el mercado argentino vale la pena anticipar.
El punto de partida es el arancel. El Mercosur aplica hoy un arancel externo común del 35% sobre los autos importados de países fuera del bloque, incluyendo Japón. Eso significa que un Toyota, un Honda o un Nissan fabricados en Japón llegan a Argentina con esa carga arancelaria, lo que eleva su precio final considerablemente. Si el acuerdo avanzara y los aranceles bajaran de manera significativa, los expertos del sector estiman que algunos segmentos podrían ver reducciones de entre el 15% y el 25% en el precio al consumidor. Para tener perspectiva: Toyota ya fabrica la Hilux y el SW4 en Zárate y exporta a 22 países de la región. Un acuerdo que facilite también las importaciones desde Japón ampliaría la oferta local de modelos que hoy no llegan o que llegan a precios muy elevados.
El interés japonés en el Mercosur no es solo automotriz. Detrás del acercamiento hay una combinación de factores estratégicos: la necesidad de Tokio de diversificar sus fuentes de energía y garantizar el acceso a minerales críticos ante las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, y una preocupación creciente sobre la competitividad de sus automotrices en Sudamérica frente al avance de las marcas chinas. El litio argentino aparece como un recurso de primer orden para la cadena de valor de las baterías japonesas, lo que le da a Argentina una posición de negociación interesante en este proceso.
Sin embargo, el acuerdo tiene dos caras. El escenario optimista —más oferta, precios más competitivos, modernización del parque automotor— convive con un escenario de riesgo concreto: la presión sobre la producción local y el empleo en la cadena autopartista. Las terminales instaladas en Argentina —Toyota en Zárate, Ford y VW en Pacheco, Stellantis y Renault en Córdoba— compiten con modelos importados. Una baja significativa de aranceles para los importados japoneses podría afectar el equilibrio entre producción local e importación que el sector viene construyendo desde hace décadas.
Lo que complica el proceso es Brasil. Como el mayor socio del Mercosur y el país con la industria automotriz más grande del bloque, Brasil será determinante en las condiciones finales del acuerdo. La industria automotriz brasileña tiene intereses propios que no necesariamente coinciden con los argentinos, y cualquier concesión arancelaria a Japón tendrá que negociarse en ese tablero. Por ahora, las conversaciones recién comienzan y no existen plazos definidos.
