John Stuart Mill, filósofo inglés: “Los hombres malos no necesitan nada más para lograr sus fines que los hombres buenos miren y no hagan nada”

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Una frase letal que no nació en un tratado político, sino en un discurso universitario de 1867. El análisis de una idea que resume el corazón del utilitarismo y el compromiso ciudadano

El 1 de febrero de 1867, John Stuart Mill —una de las mentes más influyentes de la Inglaterra victoriana y miembro del Parlamento— se subió al estrado de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, para ofrecer su discurso de investidura como rector. Frente a un auditorio repleto de estudiantes, pronunció las palabras exactas que el tiempo terminaría limando para la posteridad: “Los hombres malos no necesitan nada más para lograr sus fines que los hombres buenos miren y no hagan nada”.

Para entender el impacto de la frase, es necesario habitar el contexto en el que se gestó. El texto completo de aquella intervención fue publicado ese mismo año bajo el título de Discurso inaugural pronunciado ante la Universidad de St. Andrews. No se trataba de un texto menor o de un simple saludo protocolar. Su importancia radica en que funciona como manifiesto educativo, un tratado sobre qué significa una educación integral y la responsabilidad que adquiere el ciudadano ilustrado ante su comunidad.

Para John Stuart Mill, las universidades no debían ser torres de marfil aisladas de las problemáticas mundanas, sino fábricas de ciudadanos conscientes. En la segunda mitad del siglo XIX, Europa y el mundo anglosajón atravesaban profundas transformaciones sociales: la consolidación del capitalismo industrial, los debates sobre la extensión del sufragio y la urgencia de reformas éticas. En ese marco, Mill le dice a la juventud universitaria que el conocimiento conlleva una deuda moral con el resto de la sociedad.

John Stuart MillCaricatura de la revista británica “Punch” que muestra a Mill abriendo paso a un grupo de sufragistas en 1867 (Wikipedia)

El análisis de la cita revela una profunda comprensión de la psicología social y la filosofía moral. Mill descentra el problema del mal. El peligro real para el progreso humano y la justicia no radica únicamente en la perversión o la ambición de los “hombres malos” —un factor que el filósofo asume como una constante histórica—, sino en la pasividad y el conformismo de la mayoría. La frase introduce la noción de la complicidad por omisión: refugiarse en la comodidad de la neutralidad.

Mirar para otro lado o asumir que los problemas públicos pertenecen a otros son, para el autor, decisiones políticas en sí mismas. El silencio de los buenos es el oxígeno que alimenta las tiranías. Pero lejos de ser una ocurrencia aislada de un discurso circunstancial, esta idea sintetiza los dos pilares del pensamiento de John Stuart Mill: su concepción de la libertad y su ética utilitarista, ampliamente desarrolladas en sus obras cumbres, Sobre la libertad (1859) y El utilitarismo (1861).

Una buena acción promueve la felicidad y el bienestar general. Pero a diferencia de sus predecesores, él entendía que la inacción también produce consecuencias medibles en el bienestar colectivo. No basta con “no hacer el mal”; la ética exige un rol activo para prevenirlo. Es fundamental la soberanía del individuo frente al Estado y la tiranía de la mayoría, sin embargo esa libertad individual no es un cheque en blanco para el egoísmo. La única razón legítima para limitar la libertad de alguien es evitar que dañe a otros.

John Stuart MillJohn Stuart Mill pasó sus últimos años de vida en Aviñón, Francia, donde continuó escribiendo, hasta su fallecimiento a causa de una erisipela el 8 de mayo de 1873. Se lo considera el padre del liberalismo democrático moderno (Wikipedia)

¿Quién es John Stuart Mill?

John Stuart Mill nació en Londres en 1806 y fue educado de manera ultraexigente por su padre, el historiador James Mill, y el filósofo Jeremy Bentham, lo que lo llevó a leer griego clásico a los tres años y a sufrir una profunda crisis depresiva a los veinte. Tras superar este colapso gracias a la poesía romántica y al crucial encuentro con Harriet Taylor —su esposa, coautora intelectual y pionera feminista—, desarrolló una carrera brillante como funcionario de la Compañía Británica de las Indias Orientales,.

Luego fue miembro del Parlamento británico y con los años se volvió un filósofo de referencia mundial. En su madurez escrita legó obras fundamentales para la modernidad como Sistema de lógica (1843), Principios de economía política (1848), y las ya citadas Sobre la libertad (1859) y El utilitarismo (1861). Su pensamiento, centrado en defender la libertad individual frente al control estatal y social, no se quedó en la teoría: desde su banca legislativa impulsó reformas vanguardistas para la época.

Fue uno de los primeros políticos en exigir activamente el sufragio femenino, el acceso de las mujeres a la educación superior y los derechos laborales de la clase trabajadora, ideas plasmadas con enorme contundencia en su célebre libro La esclavitud de las mujeres (1869). John Stuart Mill pasó sus últimos años de vida en Aviñón, Francia, donde continuó escribiendo, hasta su fallecimiento a causa de una erisipela el 8 de mayo de 1873. Se lo considera el padre del liberalismo democrático moderno.

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