Les pidió a los productores que en el desfile de la película hubiera diversidad entre las modelos que participan.
Anne Hathaway finalmente se pronunció sobre la polémica surgida meses atrás en torno a las modelos extremadamente delgadas que habrían sido apartadas en la secuela de El Diablo viste a la moda 2.
“Ninguna de ellas fue despedida en nombre de un impulso hacia una mayor inclusión”, dijo la actriz, que en la película ambientada en el mundo de la moda interpreta a Andy, la exasistente de la directora de una revista inspirada en la Vogue de Anna Wintour.

Entrevistada en “Good Morning America”, la actriz intentó aclarar algunos comentarios realizados en marzo por su coprotagonista Meryl Streep a Harper’s Bazaar: en plena promoción de la secuela, la tres veces ganadora del Oscar había contado que le sorprendió la extrema delgadez de las modelos en el set, atribuyendo a Hathaway una intervención directa ante los productores para lograr una mayor diversidad física.
“Anne lo notó enseguida y fue corriendo a los productores, obteniendo la promesa de que las modelos en el desfile que estábamos preparando para la película no serían tan esqueléticas. Es una persona realmente admirable”, comentó Streep.

Hablando con Variety en la premiere neoyorquina del film la semana pasada, Anne Hathaway parecía haber reforzado esta postura, afirmando que pensaba que “la escena sería mucho más agradable para el público si mostrábamos una gama más amplia de cuerpos”.
Sin embargo, en la entrevista televisiva, la actriz moderó sus palabras, rechazando la idea de haber hecho “despedir” a las modelos talla cero: “Nadie fue despedida, en todo caso esta elección creó más puestos de trabajo”, agregó, llevando la cuestión a un plano más amplio: el de una decisión creativa orientada a hacer la escena más interesante y creíble para el público.

La polémica, sin embargo, tocó un punto sensible en la industria de la moda: entre exigencias narrativas, presiones comerciales y demandas de inclusión, el margen de decisión para quienes hacen cine (y moda) sigue siendo muy delicado. El hecho de que el debate haya resurgido precisamente en torno a un título emblemático de la estética de los años 2000 demuestra que el tema está lejos de haberse cerrado.
